sorpresa

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miércoles, 26 de febrero de 2014

26 de febrero de 2014

Yo y el autista (personalmente al autista le importa poco dónde coloquemos el burro)
 
26 de febrero de 2014, hoy comienzo a publicar mis experiencias con un autista. No, no serán científicas, siquiera puede que se acerquen a lo que suceda en realidad, será simplemente una especie de diario (no todos los días, claro está), de esta extraña relación que estamos estableciendo y que quién sabe cuánto durará. Me decido a escribirla porque él hace que me sienta bien. al igual que otros, pero un autista siempre es especial. Me hace sentir como el ignorante feliz que nunca debí dejar de ser (o como aquel niño de Blas de Otero). Ni tan siquiera es uno de los alumnos que están a mi cargo como educador de educación especial, no si entendemos estrictamente eso de "estar a mi cargo", si entendemos el conjunto de lo que educa a un alumno como el global de un centro, desde cocineros/as a directoras/es, desde conserjes y limpiadores/as a especialistas, en fin, todos, entonces no deja de ser una parte más de mi trabajo.
Todo comienza en el patio, en el suyo, que además no es el mío, ya que están divididos por etapas. comenzamos mirándonos, de lejos. miradas huidizas que apenas duraban unos segundos. luego, en mi afán de dios capaz de todo, fui a buscarlo. me huyó, claro que huyó, sino no sería un autista; pero seguía mirando. Anda desde una línea a otra cada día. Puede que no me deje acercarme mucho a él pero ¿y a sus líneas? (pensé), y allá que fui. Primero a unos pasos de la línea, luego sobre la línea. Y ahí es donde se produjo el primer contacto físico, más o menos. Él llega, mira, y se da la vuelta y se va. Entonces se me ocurre abrir las piernas y dejar espacio para que meta su pie. Sorpresa, llega y lo hace, alarga un poco el pie, toca la línea, y de nuevo al otro extremo. No hará falta decir que en este punto ya sonreíamos ambos. Supongo que él por...ni idea, pero sonreía, y yo porque...bueno tampoco lo sé, pero también sonreía.
A los pocos días una compañera educadora habló algo de un abrazo. Eso son palabras mayores. Contacto físico. Bueno, hoy en día es una técnica que ambos tenemos ya casi dominada. El abrazo frontal se produce con cierta frecuencia, buscado, y casi con una técnica aceptable. Él viene y se pone delante de mi, a un paso más o menos, yo le digo "abrazo", y él se adelanta un poco. Entonces yo abro los brazos y con los ojos le indico que los abra el, y lo hace. Nos acercamos, a la distancia de un suspiro y....pues eso, abrazo, el con la cabeza pegada a mi estómago (hasta ahí llega) y yo rodeando sus hombros. Pero bueno será decir que comenzamos a dominar la técnica del abrazo de espaldas (que fue la primera que se produjo). Yo me pongo de espaldas a él y le digo "abrazo". El primer día se acercó a mi y me tocó con los codos. Hoy ya me rodea con sus brazos la cintura.
Bueno, casualidades que se producen a veces con los autistas. podríamos llegar a más. Llegar a más ya fue que casi pida, si a mi se me olvida acercarme a su patio, el venir a darme un abrazo. Pero en mi afán de dios, ya lo dije, pensé "¿podríamos llegar a más?". Y pensando y...¿a quién se le ocurre intentar jugar al pilla-pilla con un autista?, ¿pero no has leído nada sobre autistas y no sabes cómo son?. Bueno, no se si la respuesta debería ser "no", aunque parece ser que casi nadie sabe cómo son, el caso es que desde hace un par de días hemos comenzado a jugar al pilla-pilla. Ya tenemos la técnica medio dominada y conseguimos jugar al "pilla". Cuando es él quien me ha de pillar funciona bastante bien la cosa. Yo le huyo, medio corriendo y, cuando él viene corriendo y estira su mano para cogerme, encojo la tripa y me alejo de él, y me vuelve a perseguir. Técnica conseguida. Cuando soy yo el que va detrás de él diciendo "que te cojo, que te cojo", huye dos pasos, se gira, me mira riéndose y espera que llegue hasta él y lo pillo. Todavía no voy a intentar explicarle que debe intentar evitar que lo coja, ¿para qué, si él y yo somos felices de momento así?.
 
Bueno, por hoy ya está bien. Sé que hay mucha gente trabajando con autistas, incluso trabajando casi a jornada completa y utilizando diferentes técnicas, y son especialistas en el tema; pero lo poco que he leído sobre el tema me dejó la impresión que son los grandes desconocidos y puede, solo puede, que algo de lo que escriba de mi experiencia le pueda servir a alguien, sobre todo a algún autista. Puede que mañana ya no quiera mi abrazo, ni jugar al pilla-pilla, pero eso será mañana, y será porque él no quiera, que yo estaré allí esperándolo.