sorpresa

sorpresa

viernes, 14 de marzo de 2014

Hoy era un mal día.

  Hoy era un mal día, tanto para el autista como para mí. Ya sabéis, uno de esos días pre-festivos. Yo pendiente de los niños y niñas que son mi responsabilidad, de aquí para allá, y él...para él demasiada gente, demasiado ruido, demasiados colores y demasiada música.
 
  Tan solo reseñar un detalle, uno de esos que engordan mi ego (y mi ego dicen que ya es obeso), y que hablan de como se va afianzando nuestra relación. A media mañana recibo un mensaje de mi compañera que decía "el autista pregunta por ti" (no hará falta decir que él siempre será, en este blog, el autista, nunca tendrá otro nombre que ese). He bajado al patio, lo he saludado, hemos jugado un rato más al pilla-pilla y nos hemos dado abrazos. Luego me ha dicho mi compañera el por qué de mandarme ese mensaje..."he visto que miraba para todos lados buscando a alguien y le he dicho ¿a quién buscas, al papa? y me ha contestado no, a pilla-pilla (le ha dicho mi nombre, pero ese tampoco aparecerá nunca en este blog). Lo dicho, mi ego pendiente de una visita al endocrino, y nuestra relación afianzándose, aunque vienen cinco días de vacaciones y quien sabe si me olvidará.

miércoles, 12 de marzo de 2014

el tiempo, ese bastardo que nos es indiferente.

12 de marzo de 2014

Ha pasado más de una semana desde la anterior entrada, y han sucedido muchas cosas, al menos desde el punto de vista de la relación con un autista.

  Comenzaremos por decir que han desaparecido las líneas de juego que tenía. No sé cual es el nivel de conocimiento de la gente que lea esto sobre los autistas y su mundo, aunque aclararemos antes que como se dice en mi pueblo "cada autista es un mundo", y hay pocas veces en que encontremos dos iguales; pero suelen tener conductas repetitivas en muchas ocasiones. Mi amigo autista salía al patio y se dedicaba a caminar de una línea a otra, enfrentadas, más o menos a una distancia de unos nueve metros. Pues bien, esta conducta ha variado desde que mantenemos esta relación "patial" (es decir, de patios, porque en los patios es donde nos buscamos, y digo bien, porque ambos nos buscamos). Desde que comenzamos los juegos, las líneas, pese a que continúan siendo su lugar de paseo, ya no tienen la importancia que antes tenían. A través del "pilla-pilla" sale de los límites de su patio.

  La primera vez fue como los indios en la película "sillas de montar calientes", salió corriendo detrás de mí para pillarme y, cuando llevaba dados unos tres pasos fuera de su patio, volvió la cara, miró el límite, y siguió corriendo detrás de mi hasta que me atrapó. Como dije en la anterior entrada "dominaba" solo la mitad del juego. Él me perseguía con fluidez hasta cogerme, pero huía de mí mirándome y parándose cada tres pasos, por lo que lo atrapaba enseguida. Desde hace unos día sesto ya no es así. Ahora, después de que le diga que me toca pillar a mí, y de que lo anime a que huya, comienza a correr con fluidez mirando hacia adelante, y solo cada cinco o seis pasos vuelve la cara para comprobar que lo persigo, la gira de nuevo y sigue corriendo. Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que ya tenemos ambos adquirida la mecánica correcta de juego del "pilla-pilla".

  A partir de aquí se han sucedido dos o tres episodios que son dignos de mención por distintos motivos (y no ocultaré que uno de ellos es por mi placer personal por: comenzar a formar parte de sus rutinas diarias, servir para que aprenda cosas nuevas y experimente nuevas sensaciones, y tener delante un "abismo" de posibilidades mutuas que pueden acabarse mañana o dentro de nunca).

  El primer episodio es simple pero revelador. Normalmente lo buscaba yo a él, o bien con la mirada o bien acercándome donde estaba. el otro día entré en su patio por la parte de atrás, me quedé parado en una esquina, rodeado de niños, buscando dónde estaba y, cuando ya comenzaba a pensar que no habría venido porque ni estaba entre sus líneas paseando, ni lo veía por ningún lado, giro la cabeza y lo tengo al lado, mirándome, con ese temblor de alegría que expresa a menudo y esperando que le diga algo...vino a buscarme.

  El segundo episodio me lo contó una compañera que trabaja con él en el aula. Tenían que describir a un profesor o profesora. Él no es especialmente participativo (autista al fin y al cabo) y, mientras los otros niños iban rellenando sus hojas con la descripción y saliendo a la pizarra para decir los datos y que los otros adivinasen de quién se trataba, él dijo en voz baja "pilla-pilla". Entonces mi compañera para confirmar le preguntó qué decía y él lo repitió. Le pregunto si quería describir a alguien y el le dijo que si, que "pilla-pilla". mi compañera le dijo "¿cómo se llama?", y él (según me relata mi compañera) con cara de decirle "pero eres tonta que no sabes como se llama" le dijo mi nombre. Entonces ella le dijo que tendría que salir a al pizarra a decir los datos para que adivinasen los demás de quién se trataba, y él dijo que no. Cuando mi compañera le dijo que entonces no podían hacerlo cambió de opinión y...a preguntas de ella (no suelen ser fluidos en el habla autónoma) ¿es chico o chica?...chico, ¿moreno o rubio?...moreno (y yo que siempre creí que paraba en rubio, aunque ya me blanquee algo el pelo), y de repente él dice "tiene ojos", mi compañera se ríe y le dice "¿ojos?" y él se lleva las manos a los ojos haciendo el signo de las gafas. Bueno, resumir diciendo que salió a la pizarra, dio los datos, y todos adivinaron que era yo porque....me habían visto jugar con él en el patio.

  El tercero fue en el aula donde trabajan con él, y es simple como el primero. La compañera que trabaja allí, después de acabar las primeras sesiones le preguntó ¿y ahora donde vas a ir?, él le contestó que al patio, entonces le dijo que ¿a qué?, y él le dijo que a jugar, y cuando le dijo ¿a qué?, contesto como si fuese algo cotidiano que "al pilla-pilla".

  Bueno, mis compañeras dicen que ya mi nombre va a ser "pilla-pilla", y gente cercana me dice que esto solo es por el "enganche afectivo". Lo primero me es indiferente, a fin de cuentas el nombre solo es algo que sirve para que los demás nos identifiquen, y si él me quiere identificar con el nombre de "pilla-pilla" tampoco es tan mal nombre. En cuanto a lo segundo, en el mundo educativo (y en las relaciones personales en general) olvidamos que se funciona, entre otras cosas, por enganches afectivos, y que esto no es malo. De hecho no sé si nos quedaremos solo en dos personajes que juegan al "pilla-pilla" durante un periodo de su vida, o si conseguiremos avanzar en algún que otro campo de aprendizaje no especificado. En cualquier caso mientras él siga viniendo a buscarme con la sonrisa en la cara y ese temblor de brazos estirados a lo largo de su cuerpo, y yo siga sintiéndome bien con mis dos carreras y sus dos abrazos, no creo que exista motivos para que no siga sucediendo así.
Por cierto, mejor si aclaramos ya que no tengo ninguna expectativa respecto a él a nivel de aprendizajes escolares. Ni me interesa que aprenda a sumar ni si Madrid es la capital de España, ni si baúl lleva acento o no lo lleva. Incluso no me importa si no aprende ni una de las normas que todos llamamos "sociales" y que me da por pensar que ni a él, ni a la mayoría de los autistas les importan lo más mínimo. Mi único interés es ver hasta donde podemos llegar en el campo de la comunicación, tanto conmigo como con el resto de las personas. Sé que es casi imposible, pero si ambos consiguiéramos que él llegase un día a comunicarse con fluidez, incluso más allá del lenguaje, con el resto de seres que pueblan su mundo...entonces jugar al "pilla-pilla" habría sido (como ya lo es en ocasiones) uno de los momentos más felices de mi vida, y quién sabe si de la suya.

miércoles, 26 de febrero de 2014

26 de febrero de 2014

Yo y el autista (personalmente al autista le importa poco dónde coloquemos el burro)
 
26 de febrero de 2014, hoy comienzo a publicar mis experiencias con un autista. No, no serán científicas, siquiera puede que se acerquen a lo que suceda en realidad, será simplemente una especie de diario (no todos los días, claro está), de esta extraña relación que estamos estableciendo y que quién sabe cuánto durará. Me decido a escribirla porque él hace que me sienta bien. al igual que otros, pero un autista siempre es especial. Me hace sentir como el ignorante feliz que nunca debí dejar de ser (o como aquel niño de Blas de Otero). Ni tan siquiera es uno de los alumnos que están a mi cargo como educador de educación especial, no si entendemos estrictamente eso de "estar a mi cargo", si entendemos el conjunto de lo que educa a un alumno como el global de un centro, desde cocineros/as a directoras/es, desde conserjes y limpiadores/as a especialistas, en fin, todos, entonces no deja de ser una parte más de mi trabajo.
Todo comienza en el patio, en el suyo, que además no es el mío, ya que están divididos por etapas. comenzamos mirándonos, de lejos. miradas huidizas que apenas duraban unos segundos. luego, en mi afán de dios capaz de todo, fui a buscarlo. me huyó, claro que huyó, sino no sería un autista; pero seguía mirando. Anda desde una línea a otra cada día. Puede que no me deje acercarme mucho a él pero ¿y a sus líneas? (pensé), y allá que fui. Primero a unos pasos de la línea, luego sobre la línea. Y ahí es donde se produjo el primer contacto físico, más o menos. Él llega, mira, y se da la vuelta y se va. Entonces se me ocurre abrir las piernas y dejar espacio para que meta su pie. Sorpresa, llega y lo hace, alarga un poco el pie, toca la línea, y de nuevo al otro extremo. No hará falta decir que en este punto ya sonreíamos ambos. Supongo que él por...ni idea, pero sonreía, y yo porque...bueno tampoco lo sé, pero también sonreía.
A los pocos días una compañera educadora habló algo de un abrazo. Eso son palabras mayores. Contacto físico. Bueno, hoy en día es una técnica que ambos tenemos ya casi dominada. El abrazo frontal se produce con cierta frecuencia, buscado, y casi con una técnica aceptable. Él viene y se pone delante de mi, a un paso más o menos, yo le digo "abrazo", y él se adelanta un poco. Entonces yo abro los brazos y con los ojos le indico que los abra el, y lo hace. Nos acercamos, a la distancia de un suspiro y....pues eso, abrazo, el con la cabeza pegada a mi estómago (hasta ahí llega) y yo rodeando sus hombros. Pero bueno será decir que comenzamos a dominar la técnica del abrazo de espaldas (que fue la primera que se produjo). Yo me pongo de espaldas a él y le digo "abrazo". El primer día se acercó a mi y me tocó con los codos. Hoy ya me rodea con sus brazos la cintura.
Bueno, casualidades que se producen a veces con los autistas. podríamos llegar a más. Llegar a más ya fue que casi pida, si a mi se me olvida acercarme a su patio, el venir a darme un abrazo. Pero en mi afán de dios, ya lo dije, pensé "¿podríamos llegar a más?". Y pensando y...¿a quién se le ocurre intentar jugar al pilla-pilla con un autista?, ¿pero no has leído nada sobre autistas y no sabes cómo son?. Bueno, no se si la respuesta debería ser "no", aunque parece ser que casi nadie sabe cómo son, el caso es que desde hace un par de días hemos comenzado a jugar al pilla-pilla. Ya tenemos la técnica medio dominada y conseguimos jugar al "pilla". Cuando es él quien me ha de pillar funciona bastante bien la cosa. Yo le huyo, medio corriendo y, cuando él viene corriendo y estira su mano para cogerme, encojo la tripa y me alejo de él, y me vuelve a perseguir. Técnica conseguida. Cuando soy yo el que va detrás de él diciendo "que te cojo, que te cojo", huye dos pasos, se gira, me mira riéndose y espera que llegue hasta él y lo pillo. Todavía no voy a intentar explicarle que debe intentar evitar que lo coja, ¿para qué, si él y yo somos felices de momento así?.
 
Bueno, por hoy ya está bien. Sé que hay mucha gente trabajando con autistas, incluso trabajando casi a jornada completa y utilizando diferentes técnicas, y son especialistas en el tema; pero lo poco que he leído sobre el tema me dejó la impresión que son los grandes desconocidos y puede, solo puede, que algo de lo que escriba de mi experiencia le pueda servir a alguien, sobre todo a algún autista. Puede que mañana ya no quiera mi abrazo, ni jugar al pilla-pilla, pero eso será mañana, y será porque él no quiera, que yo estaré allí esperándolo.