sorpresa

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miércoles, 12 de marzo de 2014

el tiempo, ese bastardo que nos es indiferente.

12 de marzo de 2014

Ha pasado más de una semana desde la anterior entrada, y han sucedido muchas cosas, al menos desde el punto de vista de la relación con un autista.

  Comenzaremos por decir que han desaparecido las líneas de juego que tenía. No sé cual es el nivel de conocimiento de la gente que lea esto sobre los autistas y su mundo, aunque aclararemos antes que como se dice en mi pueblo "cada autista es un mundo", y hay pocas veces en que encontremos dos iguales; pero suelen tener conductas repetitivas en muchas ocasiones. Mi amigo autista salía al patio y se dedicaba a caminar de una línea a otra, enfrentadas, más o menos a una distancia de unos nueve metros. Pues bien, esta conducta ha variado desde que mantenemos esta relación "patial" (es decir, de patios, porque en los patios es donde nos buscamos, y digo bien, porque ambos nos buscamos). Desde que comenzamos los juegos, las líneas, pese a que continúan siendo su lugar de paseo, ya no tienen la importancia que antes tenían. A través del "pilla-pilla" sale de los límites de su patio.

  La primera vez fue como los indios en la película "sillas de montar calientes", salió corriendo detrás de mí para pillarme y, cuando llevaba dados unos tres pasos fuera de su patio, volvió la cara, miró el límite, y siguió corriendo detrás de mi hasta que me atrapó. Como dije en la anterior entrada "dominaba" solo la mitad del juego. Él me perseguía con fluidez hasta cogerme, pero huía de mí mirándome y parándose cada tres pasos, por lo que lo atrapaba enseguida. Desde hace unos día sesto ya no es así. Ahora, después de que le diga que me toca pillar a mí, y de que lo anime a que huya, comienza a correr con fluidez mirando hacia adelante, y solo cada cinco o seis pasos vuelve la cara para comprobar que lo persigo, la gira de nuevo y sigue corriendo. Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que ya tenemos ambos adquirida la mecánica correcta de juego del "pilla-pilla".

  A partir de aquí se han sucedido dos o tres episodios que son dignos de mención por distintos motivos (y no ocultaré que uno de ellos es por mi placer personal por: comenzar a formar parte de sus rutinas diarias, servir para que aprenda cosas nuevas y experimente nuevas sensaciones, y tener delante un "abismo" de posibilidades mutuas que pueden acabarse mañana o dentro de nunca).

  El primer episodio es simple pero revelador. Normalmente lo buscaba yo a él, o bien con la mirada o bien acercándome donde estaba. el otro día entré en su patio por la parte de atrás, me quedé parado en una esquina, rodeado de niños, buscando dónde estaba y, cuando ya comenzaba a pensar que no habría venido porque ni estaba entre sus líneas paseando, ni lo veía por ningún lado, giro la cabeza y lo tengo al lado, mirándome, con ese temblor de alegría que expresa a menudo y esperando que le diga algo...vino a buscarme.

  El segundo episodio me lo contó una compañera que trabaja con él en el aula. Tenían que describir a un profesor o profesora. Él no es especialmente participativo (autista al fin y al cabo) y, mientras los otros niños iban rellenando sus hojas con la descripción y saliendo a la pizarra para decir los datos y que los otros adivinasen de quién se trataba, él dijo en voz baja "pilla-pilla". Entonces mi compañera para confirmar le preguntó qué decía y él lo repitió. Le pregunto si quería describir a alguien y el le dijo que si, que "pilla-pilla". mi compañera le dijo "¿cómo se llama?", y él (según me relata mi compañera) con cara de decirle "pero eres tonta que no sabes como se llama" le dijo mi nombre. Entonces ella le dijo que tendría que salir a al pizarra a decir los datos para que adivinasen los demás de quién se trataba, y él dijo que no. Cuando mi compañera le dijo que entonces no podían hacerlo cambió de opinión y...a preguntas de ella (no suelen ser fluidos en el habla autónoma) ¿es chico o chica?...chico, ¿moreno o rubio?...moreno (y yo que siempre creí que paraba en rubio, aunque ya me blanquee algo el pelo), y de repente él dice "tiene ojos", mi compañera se ríe y le dice "¿ojos?" y él se lleva las manos a los ojos haciendo el signo de las gafas. Bueno, resumir diciendo que salió a la pizarra, dio los datos, y todos adivinaron que era yo porque....me habían visto jugar con él en el patio.

  El tercero fue en el aula donde trabajan con él, y es simple como el primero. La compañera que trabaja allí, después de acabar las primeras sesiones le preguntó ¿y ahora donde vas a ir?, él le contestó que al patio, entonces le dijo que ¿a qué?, y él le dijo que a jugar, y cuando le dijo ¿a qué?, contesto como si fuese algo cotidiano que "al pilla-pilla".

  Bueno, mis compañeras dicen que ya mi nombre va a ser "pilla-pilla", y gente cercana me dice que esto solo es por el "enganche afectivo". Lo primero me es indiferente, a fin de cuentas el nombre solo es algo que sirve para que los demás nos identifiquen, y si él me quiere identificar con el nombre de "pilla-pilla" tampoco es tan mal nombre. En cuanto a lo segundo, en el mundo educativo (y en las relaciones personales en general) olvidamos que se funciona, entre otras cosas, por enganches afectivos, y que esto no es malo. De hecho no sé si nos quedaremos solo en dos personajes que juegan al "pilla-pilla" durante un periodo de su vida, o si conseguiremos avanzar en algún que otro campo de aprendizaje no especificado. En cualquier caso mientras él siga viniendo a buscarme con la sonrisa en la cara y ese temblor de brazos estirados a lo largo de su cuerpo, y yo siga sintiéndome bien con mis dos carreras y sus dos abrazos, no creo que exista motivos para que no siga sucediendo así.
Por cierto, mejor si aclaramos ya que no tengo ninguna expectativa respecto a él a nivel de aprendizajes escolares. Ni me interesa que aprenda a sumar ni si Madrid es la capital de España, ni si baúl lleva acento o no lo lleva. Incluso no me importa si no aprende ni una de las normas que todos llamamos "sociales" y que me da por pensar que ni a él, ni a la mayoría de los autistas les importan lo más mínimo. Mi único interés es ver hasta donde podemos llegar en el campo de la comunicación, tanto conmigo como con el resto de las personas. Sé que es casi imposible, pero si ambos consiguiéramos que él llegase un día a comunicarse con fluidez, incluso más allá del lenguaje, con el resto de seres que pueblan su mundo...entonces jugar al "pilla-pilla" habría sido (como ya lo es en ocasiones) uno de los momentos más felices de mi vida, y quién sabe si de la suya.

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